Una muñeca que cae, dificultad para levantar los dedos o un hormigueo en el dorso de la mano pueden tener un origen común: la alteración del nervio radial. En este artículo explico cómo se evalúa su función, qué significan los hallazgos más habituales, cuándo hacen falta pruebas complementarias y qué tratamientos suelen utilizarse en España.
La exploración orienta el diagnóstico y guía el tratamiento
- La fuerza se comprueba al extender el codo, la muñeca, los dedos y el pulgar.
- La sensibilidad se valora sobre todo en el dorso de la mano y el primer espacio interdigital.
- La muñeca caída puede indicar una lesión radial relevante, aunque el nivel exacto depende de los músculos afectados.
- La electromiografía ayuda a localizar la lesión y estimar su gravedad cuando la exploración no es suficiente.
- Una férula y la fisioterapia suelen proteger la mano mientras se recupera la función nerviosa.

Qué evalúa la prueba del nervio radial
El nervio radial nace del fascículo posterior del plexo braquial y recorre la parte posterior del brazo hasta llegar al antebrazo y la mano. Su función principal combina movimiento y sensibilidad. Participa en la extensión del codo, la muñeca, los dedos y el pulgar, además de aportar sensibilidad a una zona del dorso de la mano.
Cuando se habla de un test del nervio radial, en realidad no se hace una única maniobra capaz de confirmar por sí sola una lesión. Yo prefiero entenderlo como una exploración neurológica integrada que compara ambos brazos y reúne fuerza, reflejos, sensibilidad, movilidad, dolor y antecedentes.
La causa puede ser una compresión prolongada, una fractura del húmero, una luxación, una herida, una intervención quirúrgica o un atrapamiento cerca del codo. También puede confundirse con una radiculopatía cervical, una lesión tendinosa o un problema del plexo braquial, por eso la localización de los síntomas importa tanto como su intensidad.
Cómo se realiza una exploración clínica completa
Observación y movilidad
La primera parte consiste en observar la postura de reposo y pedir movimientos sencillos. La llamada mano caída aparece cuando la persona no consigue mantener la muñeca y los dedos extendidos contra la gravedad. También se buscan atrofia, inflamación, cicatrices, cambios de color o una deformidad relacionada con un traumatismo.
Después se compara el movimiento activo con el pasivo. Si el examinador puede colocar la muñeca y los dedos en extensión, pero la persona no logra hacerlo por sí misma, existe un déficit motor que puede ser nervioso. Si tampoco se consigue el movimiento pasivo, hay que valorar además rigidez, dolor articular o lesión de tendones.
Fuerza de los músculos radiales
La fuerza se comprueba de forma progresiva y, cuando es necesario, se puntúa de 0 a 5. Una puntuación 0 significa ausencia de contracción visible, mientras que 5 indica fuerza normal frente a una resistencia adecuada. No conviene valorar solo la muñeca, porque el patrón de músculos débiles ayuda a localizar el punto afectado.
- Extensión del codo, mediante el tríceps. Si está comprometida, la lesión puede situarse en una zona alta del nervio.
- Flexión del codo con el antebrazo en posición neutra, para valorar el braquiorradial.
- Extensión de la muñeca, observando si se desvía hacia el lado radial o cubital.
- Extensión de los dedos desde las articulaciones metacarpofalángicas.
- Extensión y abducción del pulgar, movimientos especialmente útiles para explorar las ramas motoras distales.
Una extensión de muñeca aparentemente conservada no descarta una lesión parcial. Algunos músculos pueden mantener el movimiento mientras otros están débiles. Esta es una de las razones por las que una exploración rápida puede quedarse corta.
Sensibilidad y reflejos
La sensibilidad se compara con el lado sano utilizando tacto ligero, presión o estímulos suaves. La zona más práctica para comprobar el componente radial es el primer espacio interdigital dorsal, situado entre el pulgar y el índice. También pueden revisarse el dorso radial de la mano y la cara posterior del antebrazo.
Los reflejos aportan información adicional. El reflejo tricipital se relaciona principalmente con las raíces C7-C8 y el nervio radial, mientras que el reflejo braquiorradial orienta sobre todo hacia C6. Un reflejo alterado no diagnostica por sí mismo una neuropatía, pero ayuda a diferenciarla de otros problemas neurológicos.
Qué patrones ayudan a localizar la lesión
La distribución de la debilidad y de las alteraciones sensitivas suele ser más útil que el dolor aislado. Esta tabla resume los patrones más habituales, aunque la confirmación exige una valoración profesional.
| Zona probable | Hallazgos orientativos | Qué suele significar |
|---|---|---|
| Axila o brazo proximal | Debilidad del tríceps, muñeca y dedos, con cambios sensitivos amplios | Compresión intensa, traumatismo o lesión extensa |
| Surco radial del húmero | Muñeca caída y dificultad para extender los dedos; el tríceps puede conservarse | Compresión contra el húmero o fractura diafisaria |
| Rama interósea posterior | Debilidad para extender dedos y pulgar, normalmente sin pérdida de sensibilidad | Atrapamiento motor cerca del codo o antebrazo |
| Rama superficial radial | Hormigueo o pérdida de sensibilidad en el dorso radial de la mano, sin déficit motor | Compresión sensitiva distal |
El dolor en la parte externa del codo y del antebrazo no equivale automáticamente a un síndrome del túnel radial. En este cuadro suele doler más con la extensión resistida de la muñeca o de los dedos, pero la sensibilidad puede ser normal porque la rama comprometida es principalmente motora.
También puede realizarse una prueba neurodinámica con el miembro superior colocado para aumentar suavemente la tensión del nervio radial. Si reproduce los síntomas y estos cambian al modificar la posición del cuello, el hombro o la muñeca, el dato resulta interesante, pero no confirma una lesión por sí solo. Una maniobra demasiado intensa puede irritar un nervio ya sensible.
Cuándo hacen falta electromiografía e imágenes
La historia clínica y la exploración física suelen ser el punto de partida. Si existe una debilidad clara, los síntomas progresan, el diagnóstico no encaja o se necesita conocer el pronóstico, el especialista puede solicitar un estudio de conducción nerviosa y una electromiografía.
Estas pruebas analizan cómo se transmite la señal eléctrica y si determinados músculos muestran signos de pérdida de inervación. Pueden ayudar a distinguir una lesión del nervio radial de una radiculopatía cervical o de una afectación del plexo braquial. Su momento debe individualizarse, porque algunos cambios tardan en hacerse visibles y una prueba demasiado temprana puede no mostrar toda la magnitud del problema.
Las imágenes se eligen según la sospecha clínica. Una radiografía es útil después de un traumatismo o si se sospecha una fractura. La ecografía puede mostrar el calibre, la continuidad y el desplazamiento del nervio en determinados tramos, mientras que la resonancia magnética se reserva con más frecuencia para lesiones complejas, masas, alteraciones musculares o problemas cervicales.Yo no interpretaría un resultado normal de imagen como prueba de que el nervio funciona bien. La resonancia y la ecografía muestran estructuras, pero no sustituyen la valoración funcional. Del mismo modo, una electromiografía debe leerse junto con la evolución de los síntomas, no como una cifra aislada.
Qué tratamientos se utilizan y cuándo consultar
Medidas conservadoras
Si la lesión parece compresiva y no hay una urgencia traumática, el primer paso suele ser eliminar la presión que mantiene el problema. Puede ser necesario cambiar la postura al dormir, evitar apoyar el brazo sobre superficies duras, revisar el uso de muletas o ajustar tareas repetitivas y herramientas vibratorias.
Una férula de muñeca puede mantener la mano en una posición funcional y evitar que los tendones se estiren mientras regresa la fuerza. En ciertos casos se utiliza también una ortesis dinámica para facilitar la extensión de los dedos. La elección depende de la debilidad, la sensibilidad, el trabajo y la movilidad disponible.
La fisioterapia busca conservar el recorrido articular, prevenir contracturas y recuperar el control motor de forma gradual. Puede incluir movilizaciones suaves, ejercicios activos asistidos, deslizamientos tendinosos, reeducación sensitiva y fortalecimiento progresivo cuando existe recuperación. Las movilizaciones neurales solo tienen sentido si se dosifican sin aumentar el dolor ni el hormigueo después de la sesión.
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Medicamentos y cirugía
Los analgésicos o antiinflamatorios pueden ser útiles si existe dolor, pero deben elegirse según el estado de salud, otros medicamentos y la causa del problema. En el dolor neuropático persistente, el médico puede valorar fármacos específicos. Una infiltración no es una solución universal y no debería utilizarse para retrasar el estudio de una debilidad progresiva.La cirugía puede plantearse ante una herida con sección nerviosa, una compresión causada por una masa, una lesión traumática importante o un déficit que no mejora pese a un tratamiento bien dirigido. En los atrapamientos del túnel radial, la falta de mejoría tras aproximadamente 3 meses de tratamiento no quirúrgico puede llevar a valorar la descompresión, especialmente si existe pérdida motora.
Conviene solicitar atención médica urgente después de una fractura, luxación o herida profunda si aparece incapacidad repentina para extender la muñeca o los dedos. También hay que acudir a urgencias si la debilidad se acompaña de desviación facial, dificultad para hablar, pérdida de fuerza en una pierna, dolor torácico o alteración brusca del equilibrio.La mano mejora cuando se protege la función desde el primer día
Una exploración radial útil no se limita a provocar hormigueo en el brazo. Debe responder tres preguntas concretas: qué movimientos han fallado, qué zona del nervio puede estar afectada y qué causa hay que tratar. Con esa información se decide si basta con modificar cargas y proteger la muñeca o si hacen falta pruebas, derivación médica o cirugía.
Mientras se completa el diagnóstico, evitar la compresión, mantener la movilidad sin forzar y utilizar una ortesis bien ajustada suele ser más sensato que repetir maniobras en casa. La recuperación puede tardar semanas o meses según se trate de una compresión transitoria, una lesión axonal o una sección nerviosa, así que la evolución clínica y el seguimiento profesional importan tanto como el primer examen.