Cuando duele la base del pulgar, abrir un tarro, girar una llave o abrochar una camisa puede convertirse en una tarea sorprendentemente difícil. La rizartrosis se clasifica en cuatro estadios radiológicos, pero la imagen no siempre refleja la intensidad real de los síntomas. Aquí explico qué significa cada grado, cómo se confirma, qué medidas suelen ayudar y cuándo tiene sentido valorar una intervención.
La radiografía orienta, pero los síntomas guían el tratamiento
- Cuatro estadios describen la evolución radiológica de la articulación trapeciometacarpiana.
- El grado I puede causar dolor aunque la radiografía muestre pocos cambios.
- Los estadios II y III suelen asociarse a estrechamiento articular, osteofitos y subluxación.
- El grado IV añade artrosis en articulaciones cercanas de la muñeca.
- La primera línea combina educación, ejercicios, protección articular y ortesis.
- La cirugía se plantea por dolor y pérdida de función persistentes, no solo por el número del informe.

Qué significan los cuatro grados de la rizartrosis
La rizartrosis es la artrosis de la primera articulación carpometacarpiana, también llamada trapeciometacarpiana. Une el trapecio, un hueso de la muñeca, con el primer metacarpiano del pulgar y permite movimientos esenciales como la oposición y la pinza.
La clasificación más utilizada es la de Eaton y Littler, posteriormente ampliada por Burton. Se basa principalmente en las radiografías y describe cambios anatómicos, no una escala exacta de dolor. Esta diferencia es importante porque una persona con un estadio II puede tener más molestias que otra con un estadio III.
| Estadio | Hallazgos habituales | Qué puede notar la persona |
|---|---|---|
| I | Espacio articular normal o ligeramente ensanchado, contornos conservados y posible subluxación inferior a un tercio de la superficie articular. | Dolor al pellizcar, sensación de inestabilidad o molestias intermitentes, aunque la radiografía parezca casi normal. |
| II | Disminución del espacio articular, osteofitos menores de 2 mm y subluxación inferior a un tercio. | Dolor más frecuente, pérdida de fuerza de pinza y dificultad para abrir envases o usar herramientas. |
| III | Estrechamiento marcado, osteofitos mayores de 2 mm, esclerosis o quistes subcondrales y subluxación superior a un tercio. | Dolor con actividades cotidianas, rigidez, deformidad progresiva y reducción clara de la movilidad. |
| IV | Cambios avanzados similares al estadio III junto con afectación de la articulación escafo-trapecio-trapezoidea u otras articulaciones próximas. | Dolor y limitación importantes, aunque la intensidad puede variar mucho entre personas. |
Los osteofitos son pequeños crecimientos óseos que aparecen como respuesta al desgaste. La subluxación significa que el primer metacarpiano se desplaza parcialmente respecto al trapecio, algo que puede alterar la mecánica de la pinza y aumentar la carga sobre la articulación.
Cómo se diagnostica y por qué el grado no lo explica todo
El diagnóstico empieza con la historia clínica y la exploración de la mano. Yo doy mucho peso a tres datos: dónde duele exactamente, qué movimientos lo desencadenan y cuánto limita la vida diaria. El profesional puede valorar la movilidad, la fuerza de pinza, la estabilidad y la respuesta a una compresión suave de la articulación.
La radiografíaayuda a confirmar el desgaste y a establecer el estadio. Habitualmente se solicitan proyecciones anteroposterior, lateral y oblicua, y en algunos casos una proyección específica de estrés. La resonancia o la ecografía no suelen ser necesarias para clasificar una rizartrosis típica, pero pueden ser útiles si existe duda diagnóstica o se sospecha otra lesión.
La llamada disociación clínico-radiológica es frecuente. Dicho de forma sencilla, una radiografía muy llamativa no obliga a tener dolor intenso, y una imagen poco alterada no descarta un problema real. Por eso, no recomiendo decidir una infiltración o una operación únicamente porque el informe mencione “grado III”.
También conviene descartar otras causas de dolor en esa zona. La tendinitis de De Quervain suele doler más cerca de la estiloides radial de la muñeca, mientras que una artritis inflamatoria puede producir hinchazón, rigidez matutina prolongada y afectación de varias articulaciones. El túnel carpiano, las lesiones de la articulación metacarpofalángica y antiguas fracturas también pueden coexistir.
Qué suele ayudar en los estadios iniciales y medios
En los grados I y II, y también en muchos casos del III, el objetivo no es “reconstruir” el cartílago, sino reducir la carga dolorosa y conservar la función. La combinación que más sentido tiene suele incluir educación, ejercicios adaptados, cambios en la forma de usar la mano y una ortesis cuando está indicada.
Ejercicio sin irritar la articulación
El ejercicio debe mantener la movilidad y mejorar el control del pulgar, no provocar una batalla diaria contra el dolor. Como orientación general, pueden practicarse movimientos suaves de oposición y separación del pulgar, además de contracciones isométricas ligeras, manteniendo la fuerza durante unos 5 segundos y repitiendo 5 veces. La pauta exacta debe ajustarse si hay mucha irritabilidad, inestabilidad o una deformidad marcada.
Una molestia leve y transitoria puede ser tolerable, pero el ejercicio no debería aumentar claramente el dolor ni dejar la mano peor durante las horas siguientes. Este es uno de los errores que más veo en los programas caseros: se confunde fortalecer con apretar al máximo. En esta articulación suele funcionar mejor la regularidad y el control que la intensidad.
Ortesis y protección articular
Una férula tipo espica o una ortesis específica para la base del pulgar puede disminuir el movimiento doloroso y mejorar la alineación. Suele ser especialmente útil durante tareas que exigen pinza, en los brotes y por la noche si el dolor interfiere con el descanso. No debería inmovilizarse la mano de forma permanente sin una razón clara, porque la rigidez también puede convertirse en un problema.
La ortesis debe permitir la mayor parte de la función posible y no causar hormigueo, cambios de color o presión excesiva. Mi recomendación práctica es probarla con las actividades que provocan dolor y revisar el ajuste con fisioterapia o terapia de mano si no resulta cómoda.
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Medicamentos y medidas físicas
El calor local durante unos minutos puede facilitar el movimiento antes de los ejercicios, mientras que el frío puede aliviar un brote tras una actividad exigente. Los antiinflamatorios tópicos pueden considerarse para dolor localizado, siempre respetando el prospecto y las contraindicaciones personales.
Los antiinflamatorios orales no son inocuos. Si se utilizan, conviene hacerlo con la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, teniendo en cuenta antecedentes digestivos, renales, cardiovasculares, embarazo y otros medicamentos. No aconsejo iniciar un tratamiento por cuenta propia solo porque la radiografía indique un grado determinado.
Cómo adaptar la mano a la vida diaria
La articulación sufre especialmente con la pinza fuerte y sostenida, por ejemplo al girar una llave, escurrir un paño o abrir una tapa dura. No siempre es necesario dejar de hacer esas tareas. Muchas veces basta con repartir la carga, utilizar las dos manos, acercar el objeto al cuerpo o emplear utensilios con mangos más gruesos.
- Usa abridores y herramientas que reduzcan la fuerza de pellizco.
- Evita sujetar bolsas pesadas solo con el pulgar y el índice.
- Apoya la palma o utiliza ambas manos para abrir recipientes.
- Haz pausas breves si escribes, cocinas o trabajas con herramientas.
- Mantén el pulgar alineado, sin forzarlo hacia la palma durante mucho tiempo.
En el trabajo, una modificación pequeña puede marcar más diferencia que comprar varios productos. Un teclado, un ratón, unas tijeras o una herramienta con mango más ancho suelen exigir menos presión de pinza. La ergonomía no elimina la artrosis, pero sí puede reducir los picos repetidos de carga que mantienen irritada la articulación.
Qué cambia cuando el dolor es intenso o el desgaste avanzado
En los estadios III y IV se mantiene el tratamiento conservador, aunque a menudo se necesita una planificación más individualizada. Una infiltración con corticoide puede proporcionar alivio temporal en determinados casos, pero no corrige la subluxación ni regenera el cartílago. La respuesta es variable y debe valorar el especialista según la exploración y los antecedentes.
La cirugía se considera cuando existe dolor persistente, pérdida importante de función o deformidad incapacitante a pesar de un tratamiento conservador bien realizado. El tipo de procedimiento depende de la edad, la calidad ósea, las articulaciones vecinas, la mano dominante y las actividades de la persona.
Entre las opciones se encuentran la trapeziectomía, con o sin reconstrucción ligamentosa e interposición tendinosa, las artroplastias con implante y, en casos seleccionados, la artrodesis. Ninguna técnica es universalmente mejor. Una prótesis puede buscar conservar movimiento, mientras que una fusión prioriza estabilidad y alivio del dolor, pero sacrifica movilidad.
La recuperación quirúrgica requiere paciencia y rehabilitación. El objetivo inicial es controlar el dolor y recuperar el uso progresivo de la mano; la fuerza y la confianza para tareas exigentes pueden tardar varios meses. Una indicación quirúrgica razonable debe partir de cómo vive la persona, no solo de la etiqueta radiológica.
Cuándo conviene consultar sin esperar
El dolor gradual en la base del pulgar suele permitir una valoración programada, pero hay situaciones que requieren atención antes. Consultaría pronto si aparece enrojecimiento intenso, calor, fiebre, hinchazón brusca, pérdida repentina de fuerza o deformidad tras un golpe.
También merece revisión un dolor acompañado de hormigueo persistente, pérdida de sensibilidad, dolor nocturno progresivo o rigidez matutina prolongada en varias articulaciones. Estos datos pueden apuntar a una lesión distinta o a un problema añadido que no se resuelve tratando únicamente la rizartrosis.
La mejor decisión no sale solo del número del informe
Los cuatro grados de Eaton-Littler-Burton ayudan a describir el desgaste de la base del pulgar, pero no predicen por sí solos cuánto dolerá ni determinan automáticamente el tratamiento. Mi criterio es combinar radiografía, síntomas, fuerza, movilidad y actividades que la persona necesita recuperar.
En muchos casos, una ortesis bien ajustada, ejercicios sencillos y cambios inteligentes en la forma de agarrar objetos permiten seguir usando la mano durante años. Cuando esas medidas dejan de ser suficientes, la valoración por traumatología y terapia de mano permite decidir con más claridad si una infiltración o una cirugía aportará realmente una mejora.