Un dolor punzante justo debajo de la rótula puede parecer una simple sobrecarga, pero a veces nace en una pequeña estructura muy sensible de la rodilla. La grasa de Hoffa, también llamada almohadilla grasa infrarrotuliana, puede inflamarse o quedar atrapada durante ciertos movimientos. Aquí explico dónde está, qué síntomas produce, cómo se diferencia de otras lesiones y qué medidas suelen ayudar sin caer en reposos o tratamientos innecesarios.
Lo esencial para entender el dolor bajo la rótula
- Ubicación: está detrás del tendón rotuliano y debajo de la rótula.
- Síntoma típico: dolor anterior que empeora al extender demasiado la rodilla o permanecer mucho tiempo de pie.
- Diagnóstico: depende sobre todo de la exploración física; la resonancia ayuda, pero no debe interpretarse de forma aislada.
- Tratamiento inicial: reducir los gestos irritantes y recuperar progresivamente la fuerza y el control de la pierna.
- Precaución: el masaje intenso directo y la cirugía no suelen ser la primera opción.

Qué es la almohadilla grasa de Hoffa y para qué sirve
La almohadilla grasa infrarrotuliana es un tejido adiposo situado en la parte anterior de la articulación, por detrás del tendón rotuliano y entre la rótula, el fémur y la tibia. Está dentro de la cápsula articular, aunque fuera de la membrana sinovial, y tiene una abundante irrigación y muchas terminaciones nerviosas.
Su función no consiste simplemente en “rellenar un hueco”. Ayuda a ocupar el espacio que cambia cuando flexionamos o extendemos la rodilla, facilita el deslizamiento de los tejidos y puede contribuir a repartir las presiones. Precisamente por ser tan sensible, una irritación pequeña puede provocar un dolor desproporcionado.
El problema aparece cuando la almohadilla se inflama, aumenta de volumen, pierde movilidad o queda comprimida durante la extensión. A este cuadro se le puede llamar síndrome de Hoffa, hoffitis o pinzamiento de la grasa infrarrotuliana. No son diagnósticos idénticos en todos los casos, por lo que conviene relacionar el nombre con los síntomas y no solo con una imagen.
Cómo se nota y qué movimientos suelen irritarla
El síntoma más habitual es un dolor localizado en la zona inferior de la rótula. Puede sentirse como presión, pinchazo o quemazón, y a menudo aumenta al estar de pie, caminar cuesta abajo, subir escaleras, hacer sentadillas o bloquear la rodilla hacia atrás.
En mi experiencia, muchas personas describen una sensación muy concreta: la rodilla parece tolerar mejor la flexión ligera que la extensión completa repetida. También puede existir sensibilidad a ambos lados del tendón rotuliano, hinchazón anterior o una molestia que aparece después de correr, saltar o pasar muchas horas de pie.
Entre las causas más frecuentes se encuentran los microtraumatismos repetidos, una caída directa sobre la rodilla, una intervención quirúrgica, un cambio brusco de entrenamiento o una forma de caminar que lleva la rodilla constantemente hacia la hiperextensión. El dolor también puede mantenerse por una combinación de factores, como debilidad del cuádriceps, falta de control de la cadera y aumento repentino de la carga.
| Problema | Zona y situación más característica | Qué puede orientar |
|---|---|---|
| Almohadilla infrarrotuliana | Debajo de la rótula, peor con extensión o hiperextensión | Dolor anterior profundo y sensibilidad junto al tendón |
| Tendinopatía rotuliana | Polo inferior de la rótula, sobre todo al saltar | Dolor localizado en el propio tendón |
| Dolor femoropatelar | Alrededor o detrás de la rótula, al subir escaleras o agacharse | Molestia más difusa y relacionada con la carga de flexión |
| Bursitis infrarrotuliana | Zona más superficial, especialmente al arrodillarse | Dolor al apoyar directamente la parte delantera de la rodilla |
Esta comparación sirve para orientarse, no para autodiagnosticarse. Varias lesiones pueden coexistir, y una resonancia puede mostrar cambios en la almohadilla que no sean la verdadera causa del dolor.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico comienza con una entrevista detallada. Yo preguntaría cuándo empezó el dolor, si hubo golpe o cirugía, qué ocurre al bloquear la rodilla y cómo responde al reposo o a la modificación del ejercicio. Después se valoran la movilidad, la palpación, la alineación de la pierna, la fuerza y el control durante tareas como caminar, subir un escalón o hacer una sentadilla parcial.
Durante la exploración pueden utilizarse maniobras de compresión que reproducen el pinzamiento de la almohadilla. Una prueba positiva orienta, pero no confirma por sí sola la enfermedad, porque el dolor anterior de rodilla tiene muchas causas parecidas.
La resonancia magnética es útil para observar edema, fibrosis, cicatrices, masas o cambios posteriores a una operación. La ecografía puede aportar información dinámica sobre el movimiento de los tejidos y el tendón rotuliano. Las radiografías no muestran bien la almohadilla, aunque ayudan a descartar problemas óseos y de la articulación femoropatelar.
La regla que considero más importante es sencilla: la imagen debe coincidir con la clínica. Un informe que menciona inflamación de la grasa no significa automáticamente que haya que infiltrarla o extirparla. La decisión depende de la exploración, la evolución y la respuesta a un tratamiento bien planteado.
Qué hacer durante las primeras semanas
El objetivo inicial no es dejar la pierna completamente inmóvil, sino bajar la irritación. Conviene reducir temporalmente las actividades que provocan dolor claro, especialmente saltos, carreras rápidas, sentadillas profundas y la costumbre de mantener la rodilla bloqueada hacia atrás.
Modificar la carga sin perder la función
Caminar en terreno llano suele ser mejor tolerado que correr o bajar pendientes. Si una actividad aumenta mucho el dolor y la molestia tarda más de 24 horas en volver al nivel habitual, la carga probablemente ha sido excesiva. En ese caso, reduzco duración, velocidad o rango de movimiento antes de abandonar por completo el ejercicio.
Recuperar fuerza y control
Cuando el dolor está más estable, pueden introducirse contracciones del cuádriceps, elevaciones de pierna, ejercicios de cadera y trabajo de glúteos. Más adelante suelen encajar ejercicios en cadena cerrada, como mini sentadillas o subir a un escalón, siempre dentro de un rango cómodo y con progresión gradual.
Una referencia práctica es trabajar con una molestia leve, aproximadamente de 0 a 3 sobre 10, siempre que no aumente progresivamente durante la sesión ni deje la rodilla peor al día siguiente. El ejercicio exacto debe adaptarse a la fuerza, la movilidad y la causa del pinzamiento.
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Qué medidas pueden aliviar
- Aplicar frío durante 10-15 minutos si resulta agradable y existe irritación reciente.
- Utilizar un vendaje aplicado por un profesional para descargar la zona y evitar la extensión excesiva.
- Mejorar la movilidad de cadera y tobillo si limita el movimiento de la pierna.
- Consultar antes de tomar antiinflamatorios, especialmente si existen problemas gástricos, renales, cardiovasculares o medicación habitual.
Hay un error que veo con frecuencia: intentar “despegar” la almohadilla con un masaje fuerte justo encima. Al ser una estructura muy inervada, la presión directa e intensa puede irritarla más. Prefiero trabajar alrededor, controlar el movimiento y progresar la carga con paciencia.
Cuándo valorar una infiltración o una cirugía
La mayoría de los casos se abordan primero con fisioterapia y modificación de la actividad. Una infiltración con anestésico y corticoide puede considerarse en situaciones seleccionadas, sobre todo cuando el especialista necesita confirmar el origen del dolor o controlar una inflamación persistente. No es una solución automática y tiene que valorar riesgos, dosis y localización.
La cirugía artroscópica, normalmente una resección parcial, queda para casos que mantienen síntomas pese a un programa conservador adecuado y presentan datos clínicos e imagen compatibles. Extirpar toda la almohadilla no es un objetivo rutinario, porque forma parte de la mecánica y de la sensibilidad de la rodilla.
Buscaría valoración médica prioritaria si el dolor aparece después de un traumatismo importante, hay incapacidad para apoyar, bloqueo verdadero, fiebre, enrojecimiento marcado, aumento rápido de volumen o pérdida progresiva de movilidad. También conviene consultar si no existe una mejoría clara tras varias semanas de tratamiento bien dirigido.
La respuesta de la rodilla depende más de la carga que del nombre
El síndrome de Hoffa puede explicar un dolor muy localizado bajo la rótula, pero el diagnóstico no debería basarse únicamente en una resonancia ni en una prueba aislada. La combinación de exploración, control de la carga y fortalecimiento progresivo suele ofrecer la información más útil sobre lo que la rodilla tolera.
Mi recomendación es observar la respuesta durante las 24 horas posteriores a cada actividad. Una rodilla que recupera su nivel habitual, gana fuerza poco a poco y deja de doler al extenderse está dando buenas señales; si ocurre lo contrario, hay que ajustar el plan y revisar el diagnóstico antes de insistir.